Analizan en la ENCRyM el papel de la ruina como una forma de memoria en la conservación del patrimonio

Fuente: INAH

24 de octubre de 2018

Se realizó el Coloquio “El pasado en el presente: Las formas de la memoria. La ‘ruina’ como posibilidad hermenéutica para la conservación del patrimonio cultural”

Toda devastación catastrófica es una ruptura de la continuidad en la historia que nos confronta con quiénes somos y qué es lo que deseamos conservar: González-Varas

“Toda devastación catastrófica supone una ruptura de la continuidad en la historia, y en esos momentos nos preguntamos también qué somos y qué es lo que deseamos conservar; son momentos de catarsis, de reflexión sobre nosotros mismos”, manifestó el historiador, profesor y ensayista español Ignacio González-Varas, sobre los daños al patrimonio cultural causado por los sismos de septiembre de 2017, que afectaron a 11 estado del país.

El especialista de la Escuela de Arquitectura de Toledo, de la Universidad de Castilla- La Mancha (UCLM), España, expuso que ante esta situación, donde a veces se privilegia a algunos monumentos y se comprueba que, en algunos casos, las comunidades se sienten desligadas de otros, se ha tenido que esperar a la devastación para darse cuenta de ello.

“Es importante porque la recuperación y la conexión con el patrimonio cultural tienen que surgir de la propia sociedad; algunos restos (vestigios arqueológicos o arquitectónicos) que tienen un gran valor histórico y artístico, importancia otorgada desde la gran cultura, puede que estén desconectados de la sociedad, por lo que hay que generar ese vínculo para que los valoren y aprecien, y la reconstrucción se dé de abajo hacia arriba”, afirmó.

Al participar en el Coloquio “El pasado en el presente: Las formas de la memoria. La ‘ruina’ como posibilidad hermenéutica para la conservación del patrimonio cultural”, celebrado en el Auditorio de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), González-Varas indicó que por esa razón no es de extrañarse que en algunas comunidades, los habitantes pidan al INAH recuperar primero sus iglesias que sus casas, ya que se trata del lugar donde fueron bautizados, contrajeron matrimonio y podría ser su última morada donde se realizarán los ritos fúnebres, “ahí están los grandes episodios de su vida y por eso hay esa necesidad sustancial, vital, de reconstruir lo destruido”.

Sobre la autenticidad de ese patrimonio en el que el INAH trabaja para recuperarlo, el investigador español destacó que se debe distinguir la que tienen las piedras que se conservan, los muros, las fachadas, y la que le confiere la comunidad, al convivir con este legado patrimonial, intervenirlo y hacerlo parte de su vida.

Precisamente, en el contexto de la devastación generada por la fuerza de la naturaleza, indicó que la palabra “ruina” puede generar controversias. Puede considerarse escombro, y como tal, hay que retirarlo y reintegrarlo para volver a recuperar el flujo de la vida a través de la reconstrucción, o en su caso, de una nueva construcción.

“En ocasiones, se reacciona ante la ruina con la necesidad vital, sentimental, incluso identitaria, de recuperar lo que se ha perdido, por eso es legítima la reconstrucción, y especialmente de los símbolos, de los monumentos, que tienen la fuerza de rememorar, es ahí donde quizás adquiere más fuerza la recuperación de esos templos dañados, que son los lugares donde se han volcado los episodios decisivos de nuestra vida como individuos”, afirmó.

Sobre el término, el doctor en filosofía y letras por las universidades de Lyon y Bolonia, Francia, advirtió que “en nuestra sociedad hipermoderna, de capitalismo avanzado, se tiende a evitar cualquier contacto con lo que nos es desagradable. Así, la ruina es auténtica porque nos confronta directamente con la experiencia del paso del tiempo, de la muerte, del fin ineludible de toda obra humana, nos sitúa ante la debilidad del hombre y la grandeza del tiempo y eso provoca un temor.

“Este coloquio es atractivo, ya que, con cierta valentía intelectual, ha asumido la palabra ‘ruina’ como su eje central, pese a que evoca más la idea de la decadencia, de la catástrofe; tiene una connotación negativa, por eso ha sido sustituida en el campo de la nomenclatura del patrimonio por el concepto mucho más científico de patrimonio cultural, que en el caso de lo arqueológico, se define por la ciencia que lo estudia”, expuso.

En su ponencia De la ruina al patrimonio arqueológico, memoria y nostalgia (sociedad del sentimiento), enseñanza y difusión (sociedad del conocimiento): lo “útil” de lo “inútil”, González-Varas refirió que la ruina es una realidad física y tangible, son vestigios materiales pero también un concepto intelectual sobre el que se han generado distintas ideas de la cultura y, especialmente, sobre las que han aparecido las teorías del patrimonio cultural en el mundo occidental.

“Las ruinas, como realidades no se han generado históricamente, surgen por dos procesos principales: las catástrofes bélicas y las naturales, ambas provocan esa sacudida o conmoción inmediata, la presencia violenta, se podría decir que la ruina, en nuestra sociedad, se manifiesta como una ruptura traumática de la continuidad”, aseguró el ganador del XI Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI, en 20015, por su libro Las ruinas de la memoria. Ideas y conceptos para una (im)posible teoría del patrimonio cultural.

Finalmente, manifestó que la transformación conceptual de las ruinas y la conversión en patrimonio es un proceso involucrado en el inicio de la gestación de la conciencia contemporánea del patrimonio y de la historia.

“Las ruinas han sido, durante mucho tiempo, el corazón físico y conceptual de la historia y del pasado, porque expresan los dos valores que la teoría del patrimonio, que surge en el siglo XIX, va a conceder como fundamentales de este legado patrimonial: el paso del tiempo y la autenticidad; con la veneración de las ruinas, que se produce durante la cultura romántica, surgen las primera teorías de la restauración”.